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Creación de valor en el vino español

03-11-2017

Un año como este 2017 refuerza el objetivo y presenta buenas oportunidades para mejorar el valor que genera el vino español, gracias a la confluencia de una cosecha relativamente escasa a nivel mundial y el extraordinario auge del turismo en España.

Por una parte, la relativa escasez en la cosecha que se ha registrado este otoño entre los principales productores mundiales de vino, incluida España, implica una tendencia natural al alza de los precios que, si se enmarca en una voluntad de reposicionamiento de nuestras marcas – no una simple necesidad coyuntural y fácilmente reversible –, puede suponer una gran oportunidad. En el sector existe una conciencia crecientemente compartida de que no basta con ser de los mayores productores mundiales ni habernos convertido en los principales exportadores de litros de vino, sino que debemos dar la batalla de la mejora de su rentabilidad, el valor de nuestros productos y, con ello, la imagen que llevan aparejada. Solo así podremos desarrollar el conjunto de la cadena de valor a futuro.

Para lograrlo, se están haciendo grands progresos en la elaboración de nuevos vinos, el conocimiento más cercano de los distintos mercados y tipos de consumidores y, sobre todo, en la capacidad de comercialización de las marcas. El vino español se está modernizando a pasos agigantados y ello augura un muy buen futuro que se traduce en empleo, inversiones, internacionalización y mantenimiento de nuestras zonas rurales, entre otros aspectos netamente positivos. En esta progresión hacia la mejora del valor, una cosecha corta como la actual y la ausencia de alternativas para nuestros clientes, puede ayudarnos a ir seleccionando cada vez mejor el segmento en el que queremos estar. Siempre es deseable que las oscilaciones sean suaves y no abruptas y, desde luego, que no nos hagan perder ni clientes ni cuotas de consumo para nuestros vinos, pero ese objetivo colectivo de reposicionamiento del vino español parece deseable.

Por otro lado, España, tanto por sus propios méritos como por las dificultades de otros destinos competidores, sigue batiendo records de recepción de turistas. Y empieza también a expandirse entre las empresas, profesionales, asociaciones e instituciones de nuestro país la idea de que uniendo turismo, gastronomía y productos agroalimentarios como el vino, tenemos un enorme camino por recorrer que puede reportar un considerable crecimiento de nuestro PIB. Convertir a los turistas en clientes de nuestros productos, y clientes fieles, es el reto. Y ello tanto durante su visita como cuando luego regresan a sus hogares. No se trata solo de desestacionalizar el turismo, ampliar los destinos más allá de los de sol y playa, conseguir atraerlo hacia comarcas de interior y aportar argumentos para la mejora de su gasto y nivel adquisitivo. Todo ello puede conseguirse convirtiendo a España en uno de los grandes destinos enoturísticos del mundo, como ya lo son California, Francia o Italia. Pero, además, se trata de aprovechar la enorme ventaja de que más de 80 millones de visitantes venga a tu casa y conozcan tus productos, los aprecien y los disfruten y les sirvan de recuerdo de una buena experiencia. Si aprovechando la revolución que se está dando en distribución y logística, conseguimos que esas experiencias se conviertan en actos reiterados de compra de nuestros productos, el progreso de nuestras exportaciones, y en particular de su valor, puede ser extraordinario. Y para ello, 2017 también está siendo un gran año.

Rafael del Rey, director general del Observatorio Español del Mercado del Vino

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